MBR “Evidencias médico antropolóxicas sobre a orixe do Pishtaco” da Dra. Rosario de Pribyl (o sacaúntos peruano)

Dous albarelos coa inscrición AXUNG. HOMINIS  graxa humana, datados nos s.XVII-XVIII. Museo Alemán da Farmacia de Heidelberg, Alemaña.

Vai para unhas semanas que publicamos a nosa comunicación nas II Xornadas MBR, na que faciamos un acercamento á figura de Romasanta como Home do Unto, e o trasfondo social e cultural que implicaba e o emprego do corpo humano como medicamento na literatura química e médica do s. XVIII e XIX.

Semanas despois de lida a comunicación, e continuando co estudo deste tema achei este moi interesante traballo da Dra. Rosario de Pribyl da Facultade de Antropoloxía social e Cultural da Universidade de Viena, sobre a orixe antropolóxica do Pishtaco peruano, publicado en 2010 na revista e Revista Médica de Perú Salud Pública, e en Scientific Electronic Library Online (Scielo).

http://www.scielo.org.pe/pdf/rins/v27n1/a17v27n1.pdf

O nome pishtaco provén da palabra quechua pishtac “Cortar en tiras ou anacos”. O pishtaco andino mata as vítimas para lles extraer a graxa e vendela ou empregala para fins medicinais ou industriais. Dentro das descricións que os pobladores andinos dan del, dende séculos pasados ata actualidade, o sinalan como persoa de raza blanca e aspecto extranxeiro, alleo á comunidade.

Como resalta a Dra. De Pribyl, ista personaxe ten sido obxecto de moitos estudos etnolóxicos, a mor parte das veces relacionándoo con crenzas precoloniais, pero outros estudosos como Molinié valoraban que posiblemente tivera un homólogo en Europa e chegara cos primeiros colonizadores españois. O paralelismo co noso Home do Unto, e os Sacamanteigas é évidente.

A autora fai un fondo repaso do contexto da medicina europea medieval e renacentista, os especialistas médicos involucrados, as sustancias, o uso do corpo e da graxa humana no medievo e renacemento. Finalmente analiza a figura do verdugo (principalmente en Alemaña), a súa regulamentación e competencias, que incluían certas prácticas médicas, e mesmo en ocasións con autorización legal para servirse das sustancias provintes dos corpos dos axusticiados e comercializalas.

Nos nosos intercambios de correos, a autora manifesta que o Pishtaco non é unha personaxe mítica, senón que se trata dun “home real, de carne e óso, que negocia con graxa humana”.

Recomendamos ler iste traballo, pola nova amplitude de visión que nos pode dar sobre toda ista temática; das conclusións do traballo se deriva:

Parte central de los relatos referidos al pishtaco mencionan el uso de grasa humana con fines terapéuticos o comerciales. La existencia de medicamentos, principalmente ungüentos, preparados en base a esta “grasa de los pobres pecadores” se encuentra registrada en los dispensatorios farmacéuticos europeos así como su modo de obtención, preparación, distribución y venta hasta inicios del siglo XVIII. Junto con ella, encontramos también toda una lista de sustancias derivadas del cuerpo humano como órganos diversos, uñas, cráneo, huesos, sangre, placenta y orina principalmente, que servían también para la fabricación de medicamentos en forma oficial.

Hemos expuesto en detalle las evidencias que nos permiten afirman la existencia de un pishtaco original europeo, el carácter mismo del personaje, el oficio que ejercía, sus instrumentos, la mercantilización de las sustancias y órganos de los muertos a su mano constituían parte de su trabajo habitual y poseía un mercado seguro y oficial para la compra de dichos productos. Esta práctica estaba absolutamente normada, gozaba de carácter legal y se encontraba inserta en un sistema de atención y cuidado de la salud que estaba en concordancia con la concepción médica y religiosa de la época en relación al cuerpo humano, la salud, la enfermedad y su terapéutica.

Transcribo tamén parte da exposición que a Dra. Pribyl fai sobre a figura do verdugo e que fundamentan esta conclusión:

La manera en que el verdugo llegó a practicar la medicina es algo que aún no se ha investigado convenientemente. Desde el momento en que se tienen registros de actas relativas a sus funciones se le encuentra, sin embargo, claramente asociado con la práctica médica. Hasta muy entrado el siglo XVIII el verdugo poseía una función reconocida en la medicina popular y era respetado como médico de personas y animales. Lo interesante es que no se le consideraba tan sólo como un empleado del gobierno de la ciudad, sino que era tenido como un servidor social. Aun cuando básicamente tenía contacto con prisioneros a ser interrogados y condenados a muerte, el pueblo lo consultaba como médico. En la mayoría de ciudades de Europa Central él pertenecía al grupo de expertos en curación, junto con los médicos, bañadores, barberos y obstetrices.

No es de sorprender la preferencia del pueblo por estos especialistas empíricos, quienes alcanzaron su mayor apogeo durante los siglos XVI y XVII. La mayoría de las personas (casi 80% de la población) vivía fuera de la ciudad y no tenían mayores posibilidades de contar con atención médica especializada. Los bañadores, barberos, verdugos, castradores y charlatanes eran quienes les brindaban atención médica.

Las actividades médicas del verdugo han sido registradas desde inicios del siglo XV, los pacientes le consultaban en caso de enfermedad o dolencias producidas por ulceraciones o heridas. (…)

El campo de ejercicio médico del verdugo cubría básicamente la curación de enfermedades externas y afecciones visibles como luxaciones y roturas debrazos y piernas, amputaciones, heridas producidas por espadas y armas similares, inflamación de extremidades, dolores de articulaciones y coyunturas, morbus Koch o tuberculosis. Para ello utilizaba principalmente ungüentos de diversa composición, aceites de plantas medicinales, vendajes confeccionados por él mismo, vinos de esencias fuertes, ventosas y sangrías, polvo de cuerno de ciervo y hierbas como la valeriana, genciana, enebro, cera y otras específicas de Europa Central.

El verdugo compraba la mayoría de sus ingredientes en la farmacia o en establecimientos similares a una drogería ambulante que se encontraban en los mercados. La situación era distinta para el caso de la grasa o manteca humana, conocida también como “grasa de los pobres pecadores”, y para la piel humana. La sangre y la grasa de los decapitados la vendían los verdugos o la utilizaban para preparar ungüentos y vendajes, como lo hacía el verdugo de Múnich, quien los distribuía a las farmacias de la ciudad hasta mitad del siglo XVIII.

Hasta mediados del siglo XVIII las farmacias en Alemania eran proveídas de sustancias traídas por personas que ejercían funciones médicas menores para la población. Este proceso de provisión de sustancias en Europa se caracterizaba por su alta variedad en control, calidad y origen así como en la forma de preparación y acceso.

En el caso de España y Portugal, a raíz del aislamiento que tuvieran a partir de 1603 bajo el reinado de Felipe II “El Hermoso”, los medicamentos de preparación química quedaron bajo el poder de la Inquisición y permanecieron desconocidos hasta la revolución química de Lavoisier, a fines del siglo XVIII. Al no tener acceso durante más de dos siglos a métodos químicos más modernos de preparación, se infiere la existencia de un enorme mercado ilegal, en búsqueda constante de sustancias humanas para la preparación de medicamentos utilizando métodos menos convencionales.

La grasa humana era distribuída en medida de una libra (medio kilo) a los boticarios y farmacéuticos europeos hasta mediados del siglo XVIII. Klug señala que esta distribución oficial en boticas sugiere el uso de grasa humana también entre médicos de ciudad y cirujanos. Como todo medicamento, se le utilizaba para determinadas enfermedades y dolencias. En 1747 el verdugo Johann Georg Tränckler señalaba en un comunicado a las autoridades locales de Augsburgo (Alemania) que …Con la mezcla de grasa humana que he aplicado a algunas personas… éstas han encontrado alivio… especialmente las que padecen de bocio (coto, paperas), adelgazamiento de las extremidades y dolores de otras partes del cuerpo….También la piel de los condenados encontró utilización en este contexto. Con ella se preparaban vendajes que eran cubiertos con un talco de color negro y se utilizaban principalmente para eliminar hinchazones y tumores, como en el caso del bocio o coto o “tumoración en la zona traqueal.

En el caso de la grasa y la piel humana el verdugo tuvo el monopolio absoluto durante el siglo XVI y XVII. Debido a lo establecido en el régimen penitenciario, el verdugo tenía acceso directo inmediato a los cadáveres de los ejecutados, sin embargo, las autoridades debían darle permiso para utilizar estos cuerpos. La municipalidad de Núremberg en Alemania, por ejemplo, accedió a la solicitud del verdugo Hans Schmidt en 1580 y autorizóCortar el cuerpo del decapitado (desollarlo) y tomar de el, todo lo que le sirva de medicamento. Igualmente, en 1613 en Eger (Hungría) se permitió al verdugo de la ciudad …Sacar la grasa del ejecutado porque con ello se le puede ayudar a muchas personas (32). La venta de grasa y otras partes del cuerpo constituía parte de los ingresos legales del verdugo. En caso que no contara con autorización para el aprovechamiento de la piel, grasa y otras partes del cuerpo de los condenados, se le aperturaban procesos judiciales. Éstos han sido documentados en detalle, gracias a lo cual conocemos el proceder del verdugo con el cuerpo. Un interesante y detallado caso es la inspección judicial realizada en 1640 al verdugo Martin Leichnam en Múnich (Alemania), en este se detalla la técnica de desollamiento utilizada por los hijos del verdugo bajo la dirección paciente y profesional de su madre.

La piel y la grasa humana no se consideran hoy en día médicamente efectivas, aun cuando en el sentido médico renacentista lo fueron. En razón a ello, y al proceso de prohibición posterior de su actividad médica para la preparación de medicamentos en base a sustancias y órganos humanos, se le agrupa preferentemente dentro del ámbito de las prácticas médicas “mágicas.

O texto completo cas referencias bibliográficas podédelo consultar no pdf.

Pódese concluir do estudio que no s. XVI e XVII a obtención de produtos humanos para a mediciña da época estaba medianamente regulamentado a través dos verdugos, a lo menos en Alemaña. Falta unha investigación tamén nos escritos da época no noso entorno máis próximo (en varias buscas que realizamos en google books, atopamos unha autorización nas Indias a un verdugo para aproveitarse das xoias e pezas de ouro dos axusticiados). Nos séculos posteriores, pola desaparición das vías legais habituais e finalmente pola perda de credibilidade nesas sustancias como remedios médicos, a grasa humana pasou a ser obxecto de mercado ilegal “en búsqueda constante de sustancias humanas para la preparación de medicamentos utilizando métodos menos convencionales.

Por eses “métodos menos convencionais” (como di a Dra. De Pribyl), podemos supoñer p.ex. o roubo da graxa dos cadáveres en hospitais fornecido por enfermeiros (que relatabamos na nosa comunicación, documentado en prensa do s. XIX), e en casos extremos o rapto e asasinato de persoas para a obtención de sangue, pel ou graxa humana, como nos coñecidos e contrastados crimes de Gádor e a Légoa Dereita, que tamén citábamos na nosa comunicación.

Só un estudio concienzudo e ausente de prexuicios nos arquivos xudiciais peninsulares sobre a desaparición de persoas no s. XVIII e XIX, denuncias, circunstancias das desaparicións e a instrucción seguida, poderianos dar unha vaga idea da posibilidade e difusión destes crimes.

Hoxendía, se falamos de tráfico de órganos, a toda a sociedade élle medianamente crible que ao marxe da mediciña oficial haxa en diversas partes do mundo redes ilegais de tráfico de órganos nas que unha mafia se adique á súa obtención por medios criminais. Principalmente, porque os procesos e métodos quirúrxicos do trasplante de órganos son coñecidos, e somos conscientes da eficacia dos transplantes. Se isto o trasladamos ao s. XVIII e XIX, nada obsta para que daquela mafias ou persoas ao marxe da legalidade se adicasen a obter por similares métodos as sustancias humanas que daquela se entendía que tiña utilidade médica. En futuras entradas comentaremos algún traballo antropolóxico peninsular sobre a realidade dos “sacamantecas”.

 

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Músicos e investigadores en patrimonio musical e etnográfico galego
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